Gerard Piqué “se parte el alma por nosotros cada vez que viene”, afirma conciliador Julen Lopetegui, pero se lo parte a media España cada vez que habla. Aunque luego matice. La Federación Española de Fútbol tiene actualmente demasiados problemas como para poner la ambivalencia del jugador culé en el foco, y sin embargo este viernes las conversaciones de pasillo se dividían entre la portada de Marca (la Operación Soule) y la nueva salida de tono de un futbolista que doce horas antes de ser convocado con la selección española, en plena convulsión separatista, volvió a repartir leña: “Desde hoy y hasta el domingo nos expresaremos pacíficamente. No les demos ninguna excusa. Es lo que quieren. Y cantamos alto y fuerte. #Votaremos”.

Piqué es uno de los mejores centrales del planeta, pero disfruta demasiado del estrellato: sus 140 caracteres vuelven a sumergir a la Roja en el enredo de pitos y desconfianza de los últimos años. A comienzos de este mes, durante el crucial partido contra Italia, más de la mitad del Santiago Bernabéu (ese estadio cuyos pitos “son una sinfonía” para él) salió en su defensa cuando miles de aficionados le silbaban cada vez que tocaba el cuero. Cuatro semanas después, el jugador les vuelve a increpar: “Es lo que quieren”¿Quién quiere qué? ¿Quiénes son ‘ellos’? ¿El Gobierno? ¿España? ¿Los españoles? 

Una cosa es la libertad de expresión y otra la deslealtad. Pocas veces en su vida ha estado Sergio Ramos tan atinado y contenido como el jueves por la noche, cuando respondió en calidad de capitán a su compañero de zaga con una obviedad inobjetable: “El tuit de Piqué no es el mejor si quieres que no te piten. Quizá el tuit no es lo mejor para el grupo, pero cada uno es libre de decir lo que piensa”.

El tuit no es lo mejor para el grupo, desde luego, como no lo es para la Federación, ni para Lopetegui, ni para la afición. Tan libre es uno de decir lo que piensa como un entrenador de prescindir de sus servicios. España tiene probablemente la mejor línea medular del mundo, y presenta menos recursos en la defensa y (sobre todo) la delantera. Sin embargo, un análisis somero de su talento defensivo descubre alternativas inmediatas: Nacho, Bartra, Iñigo Martínez, Javi Martínez… Hay esperanzas sin Piqué, y se puede ganar el Mundial de Rusia tanto con él como sin él.

Piqué no se comporta como Puyol, ni como Xavi, ni como Guardiola cuando era jugador. Practica el doble juego con demasiado desparpajo y dedica  demasiado tiempo a preparar su futura presidencia del FC Barcelona. Generar crispación innecesaria (“no les demos ninguna excusa”) en un país al borde del precipicio legal es más que frivolidad. Alicante será otra vez un caldero de gritos el próximo viernes contra Albania. Y lo único que debía importar ese ratito es el deporte, la renovación futbolística de una selección que vuelve a ilusionar al pueblo. Suficiente política hay ya fuera del césped.

El genio barcelonista de la comunicación deportiva contemporánea se ha pasado esta vez de la raya (“vaya putada para Julen”, se escuchaba el viernes en Las Rozas). Puede defenderse el derecho a votar, faltaría más, ¿pero exactamente quiénes son ‘ellos’? ¿Quién es el enemigo? ¿Quién “quiere” qué?

España no debería esperar a después del Mundial de Rusia para aprender a jugar sin Piqué. Nuestro central titular dice tener mucho “orgullo” por ir a la Selección, pero tiene demasiada afición a la música de viento. Y el ruido afecta a sus compañeros y a muchos espectadores. Dejó de ser divertido hace tiempo. Gracias por los servicios prestados a un campeón del mundo y de Europa, defensa formidable, estrella de las redes sociales, futbolista en todo caso reemplazable.