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La lucha contra el consumo ilegal de fútbol ha producido pequeños avances en 2017, pero la piratería sigue siendo una “lacra” para LaLiga. Novedades tecnológicas intentan atajar un problema agravado por la permisividad social y la intervención de mafias internacionales.

Este sábado, cuando a las 13:00 ruede el balón en el Santiago Bernabéu para atraer al público chino, cinco empleados de la Liga de Fútbol Profesional (LaLiga) estarán dedicadas por entero a luchar contra la difusión de vídeos piratas (e incluso el partido entero) en redes sociales. “Si marca un gol Ronaldo, nuestras herramientas estarán buscando keywords en tiempo real para denunciarlo inmediatamente a Facebook o Twitter”, explica Emilio Fernández, director antipiratería de LaLiga; “algunos serán eliminados en cuestión de minutos, y en otros casos las cuentas serán denunciadas. Una cuenta con cinco denuncias de esta índole es automáticamente bloqueada, aunque tenga millones de seguidores”.

España no figura en la ‘lista negra’ de piratas audiovisuales que establece EE.UU. todos los años como parte de su política de protección de los derechos de propiedad intelectual. Sin embargo, es uno de los diez países donde más contenidos se piratean en todo el mundo: cine, series, música, libros, videojuegos y también fútbol. El año pasado se vieron en España más de 120 millones de partidos de fútbol de manera ilegal; un fraude que implica pérdidas anuales de casi 300 millones de euros. Se calcula que entre un millón y medio y dos millones de españoles ven el fútbol gratis sin pagar todos los fines de semana.

La situación era mucho peor en 2014, año en que la preocupación tocó techo y llegó a hablarse en términos apocalípticos sobre los efectos económicos de la piratería. En aquel año, el 88% de todos los contenidos digitales consumidos en España fueron piratas. Se calcula que la piratería destruye 22.000 empleos directos (y 110.000 indirectos) en el conjunto de la industria de contenidos y birla 576 millones a Hacienda todos los años.

“Un auténtico problemón”

“La piratería ha mejorado algo, pero sigue siendo un auténtico problemón en España”, reconoce un alto funcionario del Ministerio de Cultura, aliado de LaLiga en esfuerzo que moviliza abundantes recursos económicos y humanos desde hace tres años. En 2016, por primera vez en 10 años, el consumo ilegal de contenidos descendió (aunque poco) en nuestro país. El perjuicio total sobre la industria (el lucro cesante) se estima en 1.783 millones de euros: la práctica, apoyada en una extendida mentalidad que justifica la picaresca por los altos precios, llevó esta semana al secretario general de Telefónica España, Pedro Carvajal, a decir que “la lacra” de la piratería empieza a ser “insostenible” para el país. Un ejemplo no futbolístico: el año pasado, casi la mitad de los espectadores habituales del Mundial de Motociclismo vieron las carreras de forma ilegal.

LaLiga y las autoridades culturales y policiales declararon la guerra a la piratería hace cuatro años, y su mayor éxito hasta la fecha fue el cierre de la celebérrima página web Rojadirecta, paraíso de internautas futboleros en todo el mundo, pero los golpes policiales siguen siendo frecuentes: el último, sin ir más lejos, se dio el mes pasado, cuando la Policía Nacional detuvo a siete personas por retransmitir ilegalmente partidos de Primera División entre Madrid, Alicante, Albacete, Antequera (Málaga) y las localidades valencianas de Gandía y Xátiva. El contenido, como es habitual, se ofrecía a través de diversas vías: descarga directa, ‘streaming’, distribución P2P o descodificadores. Las páginas webs, como también es habitual, remitían a servidores ubicados en otros países y diversos continentes para entorpecer su localización.

Muchas de estas páginas funcionan con un modelo de publicidad por volumen, pero “más preocupante”, según LaLiga, es el aumento detectado de descodificadores (‘cardsharing’) que brindan contenidos por satélite o a través de Internet (conexión IPTV). “Por 120-140 euros”, explica Emilio Fernández, “tienes un descodificador para todos los canales, no sólo el fútbol. Y en muchos casos no hace falta ningún desembolso adicional”.

Para hacerse una idea del dinero en juego, una de las redes desmanteladas el año pasado había obtenido ganancias cercanas a los 1.400.000 eurosmediante este doble mecanismo: insertar publicidad en portales con mucho tráfico y pago por suscripción (a un precio, lógicamente, mucho menor que el de las operadoras tenedoras de los derechos).

Aplicaciones bloqueadas

La actividad de la Liga en este campo es frenética. En lo que va de temporada, se han denunciado 106 aplicaciones, consiguiendo la retirada de 80 aplicaciones (el 75,47%) por infracción del copyright. Las aplicaciones eliminadas habían sido descargadas 31 millones de veces. “Cuando aparece la piratería, el fútbol desaparece”, reza la campaña, #protegeatuequipo: “Si ves el fútbol pirata, estás perjudicando a tu equipo y poniendo en peligro la sostenibilidad del mismo, de la competición y del deporte”. Los vídeos eliminados todos los fines de semana sólo en Facebook tienen un público potencial de 15 millones de personas,

El gran aliado de LaLiga en esta cruzada es Marauder, un sistema desarrollado internamente por expertos en ciberseguridad que de manera constante (24 horas, 7 días) rastrea entornos digitales para detectar acciones de piratería audiovisual en todo el mundo: básicamente, emisiones de partidos en directo y resúmenes. El sistema ha sido cedido al Ministerio de Culturapara su lucha en el ámbito del cine, series música o libros.

De un tiempo a esta parte, las redes sociales vienen desplazando a otros servicios (las webs tipo Rojadirecta, por ejemplo) como campo de batalla en un caso tan emblemático como el Clásico, probablemente el mejor partido de fútbol del planeta. En lo que va de temporada, según datos de LaLiga, se han denunciado 73.554 vídeos de redes sociales, habiéndose eliminado 71.982. “Estamos en la obligación de proteger a nuestros ‘broadcasters’, que han comprado los derechos de emisión”, sentencia Fernández.

Problemas globales

El problema en modo alguno se circunscribe a España: vídeos pirateados de la liga estadounidense de fútbol americano o de la NBA son fáciles de encontrar en Facebook o YouTube. La Premier League británica (que la temporada pasada experimentó el mayor descenso interanual de espectadores televisivos en una década) anunció este verano “la mayor campaña de la historia” contra emisiones ilegales de partidos, demandas judiciales incluidas, que incluye acuerdos con los mayores proveedores de Internet para bloquear el acceso a servidores ‘online’. Según una encuesta de la BBC, más de un tercio de los aficionados ingleses dicen ver regularmente partidos de la Premiar en webs no oficiales.

Imagen de un Real Madrid - Barcelona de la pasada temporada.

Imagen de un Real Madrid – Barcelona de la pasada temporada. EFE

LaLiga, a diferencia de competiciones como la NBA, no comparte vídeos durante los partidos (ni inmediatamente después) precisamente para no colaborar con la piratería. La permisividad de la sociedad española con estas prácticas está refrendada por otros datos. La tendencia a tolerar este consumo ilegal aumenta entre los niños españoles a medida que se hacen mayores, según un estudio de La Coalición de creadores e industrias de contenidos y LaLiga: si un 81% de los estudiantes de diez años considera que descargar productos culturales de manera ilegal es una práctica negativa, el porcentaje a los 13 años desciende al 66%.

Un asunto que complica la lucha antipiratería, y que recuerda al combate contra los amaños de partidos para ganar dinero ilegalmente en casas de apuestas, es la aparición de redes mafiosas que controlan el negocio desde países europeos, China (mayor fabricante de descodificadores ilegales) o Rusia. Las operaciones policiales suelen quedarse en el último escalón, como reconoce un agente antifraude especializado a EL ESPAÑOL: “La implicación de las mafias internacionales es cada vez más potente. Contratan personal especializado y pueden reaccionar en menos de un minuto a las operaciones de bloqueo. Además, sus servidores están fuera de España, a veces fuera de Europa. Ya no basta con esfuerzos nacionales: hace falta una estrategia internacional planificada en varios frentes: legal, tecnológica y política para desactivar paulatinamente a las grandes redes y plataformas”.