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Javier Tebas, presidente de la Liga de Fútbol Profesional (él mismo investigado por presunto fraude fiscal), suele decir que la Agencia Tributaria (AEAT) ha emprendido una cacería contra el mundo del balompié. “Hacienda quiere liquidar a los clubs [...] y hay animadversión al mundo del fútbol”, dijo con desparpajo en una entrevista con el diario As, hace menos de tres años, que le costó una querella de la todavía Directora de Recaudación de la AEAT, Soledad García.

García, un personaje central en la ‘guerra’ entre la Agencia Tributaria y el fútbol profesional, fue (y es) el brazo ejecutor de una estrategia de ‘tolerancia cero’ con el balompié que sintonizó (y sintoniza) con un amplísimo sector de la sociedad española, estragada por la crisis económica y un desempleo que alcanzó niveles superiores al 26%. Justo el año en el que se batió el récord de parados, 2013, el fútbol español operaba en una situación de deuda insostenible: tanto por la cantidad acumulada (752 millones a Hacienda) como por la imposibilidad de pagarlo con los ingresos por derechos televisivos de aquella época.

Más allá del contexto económico y de cuestiones intrahistóricas y enfrentamientos personales que aún no han sido abordados por la prensa española, un hecho es incuestionable: la persecución por parte de la Agencia Tributaria de los fraudes fiscales habituales en una élite millonaria y soberbia, fácil blanco de la ira popular, es continua desde hace tres años. Y ello a pesar de que algunos de sus pleitos, como el de Xabi Alonso a comienzos de este año, han sido archivados por la Justicia después de que el futbolista guipuzcoano sufriera la condena social de los telediarios y recurriese después a los tribunales (un precedente que parece orientar la estrategia de Ronaldo en estos momentos).

Mendes, bajo sospecha

Las acusaciones de este mes de junio contra Cristiano y Mourinho se suman a las que pesan sobre otros futbolistas de Jorge Mendes en aprietos fiscales (Di María, Falcao, Coentrao, Pepe y Carvalho, por citar algunos). La estrella del agente portugués palidece a medida que su despacho aparece vinculado con un número significativo de casos de presunto fraude en derechos de imagen de futbolistas (tanto él como Cristiano vieron cómo empezaban sus problemas en diciembre de 2016, cuando el consorcio EIC de medios europeos -en España El Mundo- publicó el informe ‘Football Leaks’ y el relato de los ingresos por derechos de imagen asegurados mediante una red de empresas abierta en las Islas Vírgenes.

“Algo falla en la estructura de protección de los chicos de Mendes”, afirma el presidente de un club español a este periódico, sobre todo si se tiene en cuenta que sus plataformas fiscales son, a grosso modo, parecidas a la de todos los jugadores de élite (como confirman dos abogados consultados): “Algún cambio es imprescindible”, concluye el citado dirigente.

La caída de los ‘Mendes boys’ (a la espera de que se pruebe su culpabilidad, negada sistemáticamente por los jugadores implicados y por el propio ‘súper agente’ portugués) supone un golpe directo al corazón del negocio futbolístico: a nadie se le escapa el efecto negativo que tendría la eventual salida de Ronaldo sobre la Liga española. También demuestra, aunque desde Barcelona se haya dicho a veces lo contrario, que ningún astro está libre del escrutinio tributario.

Por bloques

Echando la mirada atrás, la operación de ‘limpieza’ de Hacienda en el deporte más popular de España sigue un orden bastante preciso: en primer lugar, los clubes ‘medianos’ de Primera División con deudas cuantiosas; después, los clubes de Segunda División, algunos de los cuales pagarían con descensos (y desapariciones) el afán fiscalizador de la AEAT; en tercer lugar, como demuestra cualquier hemeroteca, el entorno del FC Barcelona; y por último el Real Madrid. Mourinho, como el exmadridista Mesut Özil, ya pagó multas millonarias en 2015 a Hacienda por no haber tributado las comisiones de sus agentes.

Cristiano Ronaldo y Mourinho habrán de declarar ante la Justicia por haber defraudado (presuntamente) 14,7 y 3,3 millones de euros respectivamente. Su encausamiento derriba las sospechas de partidismo en el Ministerio de Hacienda, pero abre otra pregunta: si son culpables, ¿por qué no se impulsó antes su condena? Mientras tanto, el mundo del fútbol -con la excepción de Tebas- se queja en privado. La afición madridista se debate entre la fe en la ética de su jugador y (mayoritariamente) el deseo de justicia fiscal. En algunos clubes de Primera División y fondos de inversión internacionales que gestionan jugadores se preguntan ya cuál sera el próximo objetivo de una administración implacable.

Las próximas semanas serán determinantes para calibrar la profundidad del agujero que Hacienda ha abierto en el Real Madrid y la reputación (como mínimo) del representante más poderoso del fútbol mundial. Dependiendo del resultado de las investigaciones abiertas, cabe esperar alguna modificación en los mecanismos que utilizan las súper estrellas para gestionar sus ingresos, derechos de imagen y pagos al fisco; un punto de inflexión definitivo en un proceso de depuración que parece no tener fin y que domina las conversaciones en la calle estos días.