Los nuevos estatutos del Comité Olímpico Español le permiten aceptar a países no reconocidos por España. Exteriores se opuso y quiso presentar un recurso, pero el ministro Méndez de Vigo lo frenó. (EL ESPAÑOL)

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Firma de un convenio sobre los Juegos Mediterráneos: José Ramón Lete, Alejandro Blanco y Josep Félix Ballesteros. Efe

Dentro de nueve meses, si nada se tuerce, la bandera de Kosovo desfilará junto con las de otros 25 Comités Olímpicos Nacionales por Tarragona, sede de los XVIII Juegos Mediterráneos. El evento fue postergado el año pasado por problemas presupuestarios y este año ha pasado también por apuros, dado el retraso del Gobierno en firmar el convenio con el comité organizador. Los Juegos esconden, además, una bomba de tiempo: la presencia de las selecciones nacionales de Kosovo (país no reconocido por España) en Cataluña el año de su hipotética independencia. Es decir, una china en el zapato para varios ministerios que se ha intentado silenciar desde hace meses.

El embrollo, cuyos protagonistas son el COE, el Ministerio de Asuntos Exteriores y el Consejo Superior de Deportes (CSD), nace de una modificación de los estatutos del COE a comienzos de año. Dos fueron sus principales reformas. Por un lado, se eliminó la presencia y el voto del Gobierno en su Comité Directivo (concretamente, se ‘cargaron’ al Director General de Deportes y a un representante del Ministerio de Exteriores). Algo que sorprendió mucho en el Consejo Superior de Deportes, dado que subvenciona “con carácter finalista” al COE con 1,5 millones de euros anuales y ni siquiera fue notificado del cambio.

Más relevante, sin embargo, fue el segundo cambio. El Comité Olímpico Español también incorporó la potestad de invitar y convocar a comités olímpicos nacionales de Estados cuya legitimidad no reconoce España (como por ejemplo Kosovo), pero que sí son aceptados por el Comité Olímpico Internacional (COI).

Alarma en Exteriores

Exteriores dio la voz de alarma cuando conoció el texto y presentó alegaciones a los citados estatutos, como confirmó la Oficina de Información Diplomática a este periódico (para después desatender varias llamadas de este diario y no colaborar en la entrega de las citadas alegaciones, pese a la presentación por parte del periódico de una petición oficial al amparo de la Ley de Transparencia).

El contenido principal de las alegaciones, como confirman dos fuentes próximas bajo condición de anonimato, era denunciar que el COE se arrogaba la facultad de reconocer comités olímpicos o países sin tener en cuenta el marco general de la política exterior nacional. La actitud del olimpismo español complicaba una postura central de la política exterior del Gobierno en un año particularmente delicado, con el panorama de unos Juegos del Mediterráneo a celebrarse precisamente en Cataluña el año proximo.

Los argumentos del Ejecutivo fueron tajantemente desestimados por el COE. Ante esta defensa de su autonomía olímpica frente al Ejecutivo, el Ministerio dio orden de preparar un recurso judicial para tapar la vía de agua, como confirman fuentes autorizadas a EL ESPAÑOL.

Bajar el “ruido”

El recurso nunca llegó a los tribunales. El mundo del deporte español estaba convulsionado con el avispero de la Federación Española de Fútbol y el secretario de Estado para el Deporte, José Ramón Lete, utilizó su influencia y la de su superior, el ‘súper ministro’ Íñigo Méndez de Vigo, para silenciar el conflicto político. “El COE siempre está midiendo al Gobierno”, dice una fuente gubernamental sobre el COE, “defendiendo su autonomía, pero el CSD logró parar el recurso”.

El CSD confirma que el Ministerio “estudió” interponer un recurso judicial, pero que preferían “no judicializarlo, resolverlo por medio del diálogo y la negociación”. Y citan telefónicamente un informe de la Abogacía del Estado, del 13 de febrero de 2017, en el que se establecía “la capacidad plena del Comité Olímpico Español para decidir su organización y régimen de funcionamiento”, dando por zanjado el asunto.

La pugna recuerda a los codazos entre la FIFA y el Gobierno cada vez que este último quiso fiscalizar a la Federación Española de Fútbol y a los intentos por organizar las últimas elecciones de Ángel María Villar con arreglo a las normas de la FIFA: algo que finalmente no sucedió, por contravenir órdenes ministeriales y normas propias. En el caso del COE, sin embargo, prevaleció el ordenamiento privado: Kosovo está invitado a Tarragona y existen reuniones al más alto nivel sobre cómo resolver discretamente este rompecabezas.

“Una cosa es la política y otra el deporte”

En comunicación con este periódico, Alejandro Blanco, presidente del COE desde 2005, defiende la postura de su organismo y explica que “una cosa cosa es la política y otra el deporte. Nosotros no dependemos del Gobierno, dependemos del COI, que ha marcado claramente la independencia del movimiento olímpico respecto al poder político. Prácticamente en ningún comité olímpico nacional hay representantes gubernamentales. Tampoco estamos nosotros en la Comisión Directiva del CSD, y no pasa nada… Nosotros respondemos ante el Comité Olímpico Internacional”.

Respecto a la afirmación del Gobierno de que subvenciona al COE con 1,5 millones anuales “con carácter finalista”, Blanco responde que “el CSD a nosotros no nos subvenciona nada. Tenemos programas con el CSD en los que vamos a medias. Y cuando hay Juegos Olímpicos, ellos ponen el dinero para competir. Pero no nos dan ni un euro, ni para nuestro funcionamiento ni para nuestra estructura. Tenemos convenios de colaboración, pero para las federaciones, que es muy distinto”.

Según el líder del olimpismo español, las alegaciones de Exteriores partían de un gran error: “Pensaban que podíamos reconocer federaciones o comités nacionales, pero nosotros no tenemos competencias fuera de España. Kosovo participa porque ha sido reconocido por el COI y la asociación de los comités nacionales de todo el mundo. Los Juegos del Mediterráneo son una competición de comités olímpicos, no de países. Se pueden tener muchos conocimientos jurídicos y no conocer el mundo del deporte. Nosotros no reconocemos a Kosovo. ¡Es el Comité Olímpico Internacional! Estamos obligados a seguir sus decisiones, no hay más debate, dependemos de ellos. Nuestros estatutos los aprueba el COI. Pero nunca vamos en contra de la ley española. En mi etapa, el COE jamás se ha apartado del Gobierno”.

Halterofilia en Pristina: el precedente

Mirando al futuro, el CSD dice alinearse completamente con Exteriores en cuanto al no reconocimiento de Kosovo y recuerda un precedente cercano, cuando la Federación de Halterofilia preguntó sobre la asistencia de un chico vallisoletano al campeonato de Europa juvenil, celebrado en Pristina (capital de Kosovo) este año. El CSD no lo prohibió, pero recomendó que no asistiese con argumentos tajantes: “España no reconoce la declaración unilateral de independencia de Kosovo, ni por tanto su estatalidad, aspecto clave para participar en la organización de cualquier evento deportivo. Ello imposibilta que los deportistas españoles puedan participar en calidad de equipo oficial español. No podrá competir bajo la bandera española; si lo hace sería a mero título individual, dado que no cuenta con la autorización del CSD, de acuerdo con el Ministerio de Exteriores”.

En el caso olímpico, y pensando en los Juegos Mediterráneos, el Gobierno ha optado hasta ahora por el silencio. Como dice un alto cargo del deporte español, “no hace falta que el Comité Olímpico siga defendiendo su independencia. Ya la tienen, ¿no le parece? El Gobierno presenta alegaciones a sus estatutos y curiosamente no admiten ni una. ¿Son independientes, o no son independientes? Yo le aseguro: Exteriores nos marca la pauta en el tema de Kosovo, y tenemos un problema a medio plazo…