A diario se destruyen en el Cantábrico grandes cantidades de atún rojo capturado con redes de arrastre, una pesca prohibida en España. Los armadores acusan a naves francesas y amenazan con actos violentos. (EL ESPAÑOL)

Atunes rojos capturados por un barco español, ya en descomposición, tras ser descartados por un arrastrero europeo.

Atunes rojos capturados por un barco español, ya en descomposición, tras ser descartados por un arrastrero europeo.

La aplicación LocalizaTodo está en el teléfono de toda la gente que se dedica a la mar en Asturias (y en Cantabria, Galicia y el País Vasco). Permite, con sorprendente facilidad, saber qué barco (y de qué nacionalidad y eslora) está faenando en un momento dado en cualquier punto de la costa. La popular ‘app’ se ha convertido últimamente en el ‘detective privado’ de cientos de pescadores españoles, hartos de que sus competidores franceses (también irlandeses) esquilmen la pesca en el litoral cantábrico. Hasta tal punto que la flota artesanal española del norte pronostica una época de violencia en el mar si la Administración no toma cartas en el asunto.

Juan Ramón González Lastra, 58 años, natural de San Juan de La Arena (Asturias), se jubiló hace un año después de dedicar 41 a recorrer los océanos del mundo (desde Canadá al polo Sur, pasando por Somalia). Sabe lo que es enfrentarse a barcos piratas y cuenta que desde hace “mucho tiempo ya”, en las partidas diarias de mus con miembros de cofradías de pescadores que han regresado a puerto, sólo se habla “de la que se va a liar con los barcos franceses”. ¿El motivo? Que se dedican a hacer “todo tipo de barbaridades” y “a destruir” el atún rojo (entre otras especies) que pescan con artes de arrastre en sus propias narices mientras la flota española respeta, obligada por la ley, técnicas de pesca sostenibles (es decir, con anzuelo).

Es sábado por la tarde en el puerto de Avilés y un barco de Pasajes (Guipúzcoa) vuelve a tierra, después de diez días en alta mar, con ocho toneladas de bonito (atún blanco o ‘bonito del norte’, Thunnus alalunga) en las cámaras friogríficas. Lo han pescado a cacea o curricán: con señuelos artificiales que imitan un pez y se mueven a la velocidad del barco, unidas por sedales a unos carretes (con o sin caña) que manejan varios pescadores. No utilizan redes: el Gobierno español no otorga licencias para la pesca del bonito con arrastre, por cuestiones medioambientales.

El patrón del barco vasco, de apodo Simbad (prefiere mantener el anonimato), sale de la ducha del barco satisfecho del botín (que venderá por unos 30.000 euros en la lonja) y con ganas de una sidra tras diez días de abstinencia  - una norma en su barco. Arrastra, sin embargo, un cabreo notable. Abre la aplicación en su móvil y señala con el dedo una concentración de triángulos y puntos en una zona contigua a la milla 12 que señala el fin de las aguas exclusivas españolas.

“¿Quién protege a estos tíos?”

Se trata de un grupo de barcos franceses, arrastreros pelágicos (que faenan lejos de la costa), parados a menos de una milla de distancia de unos boniteros asturianos que parecen haber localizado un banco de túnidos cerca de Lastres. “Lo que no logren sacar de día, lo sacarán estos cabrones por la noche”, sentencia el armador: “Yo no sé quién protege a estos tíos, pero pasa todos los días y el Gobierno sigue de brazos cruzados”.

Existe un helicóptero, además de diversas avionetas y patrulleras, que supervisa (sobre el papel) la actividad de los arrastreros de Francia e Irlanda junto a las aguas territoriales españolas. Sin embargo, las cofradías de pescadores acusan al Gobierno de ponerse sistemáticamente de perfil en la defensa de sus intereses y del equilibrio ecológico. El ambiente en la flota es preocupante tras meses compitiendo en las lonjas con pescado capturado por barcos foráneos, que además de moverse en condiciones ventajosas venden el bonito (dañado) a precio de saldo (1,5-2 euros el kilo) a las conserveras y estropean el mercado para los que pescan con anzuelo. Es decir, todo ese pescado capturado ‘ilegalmente’ se consume en España.

Hay dos motivaciones para que los barcos foráneos de arrastre desperdicien pescado todos los días. Una es que hay especies que caen en las redes, no estando autorizadas para la captura, y se tiran para no tener problemas, normalmente ya sin capacidad de sobrevivir. La otra es que si se deshacen del pescado pequeño no agotan su cupo, de forma que su pesca vale más: el precio por kilo aumenta significativamente con el tamaño del pez (tiene menos desperdicio, algo que hace más rentable la labor de la industria conservera).

Bonitos capturados con redes de arrastre.

Bonitos capturados con redes de arrastre.

La situación dura ya años y es sorprendente, por cuanto la normativa europea persigue la máxima ‘descartes cero’: todo lo capturado debe traerse a tierra, aunque tenga escaso valor comercial, para aprovecharse y no esquilmar caladeros.

Julián Fernández, presidente de la cofradía asturiana de Lastres, califica de “aberrante” el estado del pescado que traen los barcos pelágicos a la costa. “Esto ya nos lo hicieron hace 15 o 20 años, y no aguantamos más”, declara con pasión. [Fernández se refiere a la ‘guerra de las volantas’, en la década de 1990, que culminó con la captura del buque francés La Gabrielle y su traslado hasta el puerto de Burela (Lugo) en 1994, donde se demostró el uso de redes ilegales y la captura indiscriminada de todo tipo de especies].

El pescado que llega en mal estado es utilizado por compañías conserveras que lo compran a bajo precio para enlatar, según explican diversas cofradías. Los pescadores cantábricos acusan a Bruselas y al Gobierno de haber creado y aceptado, respectivamente, una normativa que daña los intereses de la flota y del mar a medio plazo. La eurodiputada de Podemos Estefanía Torresremitió recientemente una pregunta a la Comisión Europea en la que alertaba de que barcos franceses e irlandeses están pescando bonito en aguas cantábricas “mediante el uso del tren de bolos, técnica ilegal en España”.

Amenazas de abordaje

Hay barcos de 16 metros que han embestido ya esta campaña a embarcaciones francesas con el doble de eslora, como confiesan dos armadores a este periódico, pero no ha habido aún desgracias que lamentar. El conflicto nace del hecho de que la pesca de arrastre está autorizada en aguas comunitarias, pese a la teórica defensa de la pesca sostenible por parte de la Comisión Europea: ello permite que barcos de bandera francesa o irlandesa pueden colocarse más allá de las doce millas de exclusividad española y faenar, por ejemplo, a 12,5 millas después de haber espiado durante todo el día dónde encuentran los boniteros autóctonos (que sólo practican artes con anzuelo) bancos interesantes de túnidos.

Después, por la noche, los arrastreros echan las redes y capturan todo el pescado, deshaciéndose de los de tamaño pequeño y mediano con total impunidad. (Los barcos españoles descansan de noche porque el bonito, cazador diurno, se va para el fondo y descansa, siendo en cambio fácil pasto de las redes).

La pesca de arrastre arrasa a su paso el fondo marino y destruye algas y otros organismos indiscriminadamente. Presenta, además, otro gran inconveniente: obliga a tirar al mar una gran parte de los túnidos pescados, los no grandes (menos de 4 kilos), que revientan por la presión de las redes (nada selectivas, del tamaño de un campo de fútbol). “¡Pero también delfines, tortugas, ballenas, peces luna…! Todo lo que se encuentran a su paso”, lamenta a EL ESPAÑOL otro patrón vasco amarrado en Avilés: “Si siguen así, se van a cargar el pescado… Ya pasó el año pasado y este vuelve a pasar lo mismo. Hay que tomar medidas, espero que no nos obliguen a tomarlas nosotros mismos”.

Peces espada capturados ilegalmente con redes de arrastre en en el puerto de Celeiro  (Lugo).

Peces espada capturados ilegalmente con redes de arrastre en en el puerto de Celeiro (Lugo).

El problema es grave a medio plazo, admiten todas las fuentes consultadas. Los caladeros de este apreciado pez podrían reducirse hasta niveles insignificantes, como ha pasado con otras especies como la anchoa o la sardina. “Ya pasó el año pasado y este vuelve a pasar lo mismo. Hay que tomar medidas ya”, señaló recientemente Dimas García, presidente de la Federación de Cofradías de Asturias.

“Es una cuestión de ciclos”, explica el patrón Simbad a EL ESPAÑOL. “Todo esto es cuestión de tiempo. En cuanto falle el pescado, va a pasar algo gordo. Lo que pasa es que la flota de vivero, la que pesca a cebo vivo, ha tenido un año muy bueno: se metieron cardúmenes grandes de pescado en el Golfo de Vizcaya y no tuvieron que salir al Atlántico a buscarlos. Por eso las grandes compañías no protestan todavía. Pero los caladeros se están exterminando  y es por culpa del arrastre pelágico. Nos comemos la mar en cuatro días. Mejor dicho, se la comen nuestros vecinos”.

El Total Admisible de Capturas de atún blanco-bonito del norte es de 28.000 toneladas al norte del paralelo 5º N del Océano Atlántico. La Unión Europea dispone de 26.939 toneladas, de las que 14.981 corresponden a la flota española. Francia se reserva 6.771 toneladas e Irlanda 2.514. “No son esas capturas el problema”, afirma Fernández, “sino todo lo que pescan y destruyen en ese esfuerzo”.

La paradoja de la pesca sostenible

La pesca con anzuelos, a diferencia del arrastre pelágico, permite aprovechar para el consumo humano todos los bonitos capturados. El temor de los pescadores cantábricos españoles es que mientras otros ‘arrasan’ el fondo marino, la flota artesanal nacional debe prepararse además para los recortes en los cupos que plantea la Unión Europea para otras especies (merluza o rape, por ejemplo) en 2018. Una limitación que nace, precisamente, de la voluntad de garantizar la sostenibilidad de la pesquería.

Para Celia Ojeda, responsable de la campaña de Océanos en Greenpeace, “este problema, que no es nuevo, procede del brutal agujero que hay en la política pesquera europea. El reglamento exige el fomento de la pesca sostenible (y el arrastre pelágico no lo es, de ninguna manera), pero debería ser para todos. Me extraña incluso que no haya habido abordajes hasta ahora, ya que lógicamente un arrastrero pesca más toneladas y afecta gravemente al mercado. El Gobierno español debería promocionar la pesca sostenible y lograr que se dé valor al pescado así capturado. Hay algunas marcas que ya avisan de ello, pero hace falta una política mucho más clara al respecto”.

En 2016, por primera vez en la historia, el Gobierno suspendió la pesca de atún blanco el 5 de octubre. Posteriormente, el Ejecutivo admitió haber cedido 1.200 toneladas de cuota de bonito a la flota francesa, una decisión que indignó a los pescadores del Cantábrico. Este año se termina el 13 de octubre, aunque barcos foráneos podrán seguir pescando hasta Navidad.

Pesca de arrastre.

Pesca de arrastre. Greenpeace

El Ministerio de Agricultura, Pesca, Alimentación y Medio Ambiente explica a este periódico que “la pesquería se cierra para nuestra flota desde las 0:00 horas del día 13 que es cuando se calcula que se habrá agotado la cuota. Los buques franceses e irlandeses se rigen por sus propias cuotas y todavía no las han agotado hasta donde se sabe, y por tanto no deben parar. Lo harán también cuando agoten sus cuotas. A pesar de que España es el país que más cuota tiene, también es la que más flota dirigida dispone y por tanto la que más captura. Esta costera ha sido muy buena y se han podido pescar las 14,195 tm que nos correspondían”.

El Ministerio se posiciona a favor de la pesca de anzuelo y asevera que “el arrastre pelágico practicado por las otras flotas tiene ciertos descartes que deberán solucionar en un futuro muy próximo para cumplir con la reglamentación europea“.

Pero añade que “por fuera de las 12 millas, el acceso a los recursos es libre para cualquier barco europeo siempre que disponga de su correspondiente cuota tal y como ocurre con los arrastreros franceses e irlandeses. Esto es así para todos los recursos y a España le permite pescar en las aguas de esos dos mismos países. Lo de permitir o no el arrastre pelágico, dado que es legal en Europa, es cuestión interna suya y España no puede limitárselo”.

Según fuentes del sector pesquero, el problema de fondo es el conflicto de intereses. “España podría ir a Bruselas con la Política Agrícola Común (PAC) en la mano y pedir la prohibición de las artes pelágicas a la flota francesa. Pero se encuentra con las manos atadas, porque tampoco implementa correctamente la PAC. Básicamente, no distribuye las cuotas pesqueras de manera justa”.

“¿Cómo es posible….”, se preguntaba recientemente el armador pesquero asturiano José Enrique Suárez Busta, “que los arrastreros pelágicos irlandeses con una cuota de 2.514 toneladas, y en donde sólo contabilizamos 11 en nuestras costas (hay más faenando en su plataforma pesquera), no hayan agotado su cuota? ¿O no será que muchas descargas realizadas en nuestros puertos pesqueros (sí, en nuestros puertos) no son declaradas  en sus diarios de pesca, y por lo tanto, no son notificadas a la Unión Europea?”

El Gobierno vasco publicó una resolución a mediados se septiembre en la que se prohibía a los buques de pesca de pabellón irlandés descargar bonito en los puertos de Vizcaya y Guipúzcoa “hasta que se tenga constancia de la cuota consumida por cada embarcación de dicho pabellón”. “Es una medida acertada”, explica la representante de Greenpeace a EL ESPAÑOL, “pero tendrían que hacer lo mismo en Cantabria, Asturias y Galicia. Si no, se van para otro lado, no sirve para nada”.

En el Cantábrico se sospecha que no todos los barcos franceses de arrastre están tripulados por franceses, sino que algunos están alquilados por compañías españoles, lo que complicaría aún más el panorama. Por el momento, son sólo sospechas. En conversaciones privadas entre pescadores (muchas) se repite que en Asturias, Cantabria o Galicia van a tener que hacer algo por ellos mismos, lo que conduciría a un grave problema internacional y potenciales tragedias personales.

Para explicarse, algunos armadores vascos y asturianos recurren el célebre caso del Alakrana, aquel barco atunero congelador de Bermeo que fue secuestrado por piratas somalíes en 2009. “Todo el mundo piensa que eran piratas, y el Gobierno envió una fragata, pero reflexione usted un momento”, explica González Lastra. “En realidad, íbamos a quitarle su pescado… Nosotros no pensamos que fueran tan piratas. Y el Gobierno mandó una fragata. Lo que no puede ser es que vengan de fuera a pescar con artes prohibidas, maten miles de atunes rojos en el Cantábrico y nos quedemos de brazos cruzados”.