El reconocimiento de la compra del Barça B 12 – Elda 0 por el propio equipo alicantino es apenas un síntoma de la proliferación de partidos trucados que afectará a Segunda B y a Tercera en los dos últimos meses de competición.

Imagen de un estadio de 2ª División B en una jornada dominical.

Imagen de un estadio de 2ª División B en una jornada dominical.

En España los amaños en el fútbol florecen a la vez que los cerezos, a comienzos de primavera. “No hay vestuario en el que no se hable de apuestas todo el año”, como reconocen hasta tres futbolistas de Segunda B a EL ESPAÑOL, pero cuando arde el Whatsapp es en abril y mayo. “Hay muchísimo movimiento”, cuenta uno de la región de Murcia. “Estas semanas son la hostia, llegan cosas casi todos los días”, se sincera un apostador profesional catalán que no revela su identidad. Todo el mundo lo sabe, algunos lo dicen, pero siempre desde el anonimato.

A este periódico han llegado diversas denuncias por amaños en los últimos meses, pero el miedo a las represalias hace que las personas recurran al anonimato y, las más de las veces, desistan del empeño. La prensa recoge sospechas sobre partidos amañados varias veces durante la temporada. Sin embargo, el negocio subterráneo de los partidos trucos crece con notable impunidad. “Este año en Tercera está siendo el peor, es una de las competiciones con más amaños del mundo”, afirma categóricamente Francesco Barranca, director de Federbet, un organismo europeo de casas de apuestas que lucha contra los amaños en diversos deportes. “Los medios tratan bastante mal este asunto, sólo se dan cuenta cuando hay muchos goles”, prosigue, “pero sucede continuamente”.

Es un secreto a gritos: todas las semanas se amañan encuentros en España, fundamentalmente en las categorías semiprofesionales, Segunda B División y Tercera, donde los sueldos de los jugadores son bajos. (A veces inexistentes: sólo cobran si ganan). La ausencia de controles, cámaras y muchas veces incluso cronistas termina de crear el caldo de cultivo idóneo para el trucaje. Las últimas diez jornadas de Liga son el momento ideal para la trampa: algunos equipos ya no se juegan nada, otros necesitan victorias angustiosamente y otros (ya descendidos) sólo buscan dinero para volver a levantar el sueño del ascenso la siguiente campaña. “Está mal y destruye el espíritu deportivo”, afirma el propietario de un club castellano-leonés de Tercera a este periódico, “pero no me diga que no lo entiende usted un poco”.

Las ofertas de amaños suelen llegar por Whatsapp o Telegram. Casas de apuestas asiáticas son el mecanismo habitual para ligar a los protagonistas del ‘negocio’: intermediarios o mafias, equipos y apostadores. “La Tercera es el paraíso de los amaños”, dice un directivo gallego. “Apenas hay control. Se presenta la directiva con dos maletines en el vestuario, les dicen lo que hay que hacer, les cuentan que el club está en la lona y necesita dinero, que van a poderse ir de vacaciones… Algunos se resisten, claro, pero muchos no. A nadie le importan esos partidos, el problema es que con el 12-0 se les ha ido la mano…“.

POBREZA Y AMAÑOS

En una de las provincias que dan al Mar Cantábrico hay un equipo que lleva preparando un amaño para la primavera desde el pasado mes de noviembre. Juntan “un dinerete” en una cuenta y cuando llega mayo, si han cumplido objetivos y están a media tabla, pierden un par de partidos contra clubes aparentemente inferiores y lo apuestan todo a la derrota. Una forma de llevarse un trozo del festín que celebran las casas de apuestas cada fin de semana (se calcula que las apuestas deportivas mueven 5.000 millones al año en España).

La penuria material, además de la política agresiva de las casas de apuestas y la falta de control, explica parcialmente la alucinante extensión de este fenómeno en las categorías inferiores del fútbol español. Si un equipo o un intermediario o un ‘mafiosillo’ se acercan a otro equipo (o a parte de él) para persuadirles de que se dejen ganar y les ofrecen, por ejemplo, 50.000 euros, el mecanismo para asegurar ese dinero y llevarse además otra cantidad similar equivalente es relativamente sencillo: es suficiente con acordar previamente el resultado del partido (o algunos de los múltiples criterios a los que se puede apostar) y meter dinero después en casas de apuestas internacionales (asiáticas, fundamentalmente) que no limitan dinero ni son fáciles de controlar.

Si el amañador vende la información a otras personas, también gana dinero por ello. Todo se hace con extraordinario sigilo y preferentemente por Whatsapp, sin rodeos innecesarios. Todo el mundo gana, salvo el operador; pero a la casa de apuestas le compensa ser engañada algunas veces todas las semanas en comparación con el inmenso pastel que generan la multiplicidad de competiciones disponibles para arriesgar dinero y la abundancia casi ilimitada de cosas a las que apostar (más allá del resultado, puede amañarse un encuentro por el número de córners o de tarjetas).

¿CAMBIOS EN EL MERCADO CHINO?

La desregulación del mercado asiático podría estar evolucionando, sin embargo. Según datos de operadores europeos, este fin de semana algunas casas de apuestas chinas eliminaron la Tercera División española de su menú por primera vez, recelosas de la elevada probabilidad de trucajes.

El número de denuncias en España es sin embargo bajísimo, pese al aumento progresivo de la vigilancia de movimientos inesperados en el mercado de apuestas. La dificultad principal estriba en cómo demostrar las trampas, dada la extraordinaria diversidad de opciones para defraudar. Las federaciones autonómicas, muy criticadas por su inacción (como la UEFA), suelen alegar falta de recursos para inspeccionar cientos de partidos cada fin de semana.

La Liga de Fútbol Profesional, principal valedora de la integridad en este asunto, reaccionó con energía hace un lustro, cuando algunos casos detectados en Primera y Segunda División (su campo de responsabilidad) alarmaron a sus dirigentes sobre una posible explosión del engaño y, a medio plazo, un debilitamiento del negocio. Aunque LaLiga no tiene competencias sobre Segunda B o Tercera, asiste a los clubes en materia de formación y ha hecho de este asunto una bandera. “En 2ªB y en Tercera los amaños son bastante generalizados”, reconoció Alfredo Lorenzo, sudirector de Seguridad, a este periódico hace pocos meses. “La Federación Española no hace nada para combatirlo”. Tenga razón o no, lo único evidente es que el fútbol español semiprofesional es un vivero de partidos amañados.